El súper héroe
Hay hombres que siempre quieren rescatarnos. Serían los Clark Kent del amor. Y no es que nos vean en peligro, gritando sobre la cornisa de un edificio, o atadas sobre las vías del tren. Nada de eso, ellos actúan así porque se sienten en la obligación de salvarnos de lo que imaginan que nos hacen los otros.
Lo peor es que a veces, muchas veces, casi todas las veces, de lo único que debemos salvarnos es de ellos. Claro, que eso ni con los rayos X lo verían, porque ellos son los súper héroes de la relación. Y sólo buscan nuestro bien.
Así, el hombre héroe se peleará con quien ose siquiera levantarnos la voz en una fila de supermercado, o nos empuje involuntariamente en la salida del subte. Es capaz de llamar a nuestro jefe para decirle quién se cree que es él para hacernos quedar tan tarde, o no pagarnos lo que nos corresponde.
También irá a tomar un café con nuestra adorada madrecita, que puede convertirse en la peor de las malvadas, para decirle que siempre prefiere a otro hijo, que por su culpa, por su culpa, por su grandísima culpa nosotras gastamos fortunas en terapia. Incluso puede discutir hasta la muerte con nuestro hermano si piensa que en algo nos perjudicó, quizás en servirse el último trago de la gaseosa, o en nacer primero, o último. O simplemente en nacer.
Si descubre que nos peleamos con una amiga, enseguida armará una reunión para aclarar los puntos. Sacará a toda persona indeseable de nuestro entorno, o sea, limpiará de villanos nuestro camino. Ese amiguito de la primaria que nunca toleró, y que seguro es Lex Luthor, o el compañero de trabajo que nos trae en auto de vez en cuando, y que según él tiene dientes de vampiro, que quiere clavar en nuestra yugular o vaya a saber dónde.
El héroe nunca descansa y tiene su traje hasta debajo del pijama. Siempre seremos su damisela en peligro. Todo es un acto de defensa hacia nuestra persona, defensa que, dicho sea de paso, de ninguna manera solicitamos.
Muchas veces, el súper héroe actúa en silencio, tramando, haciendo y deshaciendo cosas sin que sepamos realmente con quién habla, a quién llama, o a quién amenaza bajo el lema de la justicia, qué cómplices tiene, qué alianzas urde, o qué propósitos persigue, pues como un buen súper héroe debe mantener una doble vida, y ocultar la otra faceta de su persona.
Llega un momento en que la mujer desea que al final algún malvado la ate en serio a las vías del tren Roca o Mitre, y que jamás aparezca él, sino que venga un verdadero convoy y le pase por encima, porque siente que la muerte dolerá menos que estar al lado de él.
Porque vivir al lado de un súper héroe es a-g-o-t-a-d-o-r, y si no pregúntenle a Luisa Lane.
Autora del blog La vida con Malizia