El manual del antihéroe
Por José Luis Gallego
Espectáculos 24CON
Dicen que Dios, cuando terminó de crear a los genios del arte, vio que tenía un tiempito y decidió inventar a los ídolos modernos. Tomó un poco de creatividad, otro poco de rebeldía, le agregó amor y los llevó al horno. La idea le pareció tan atractiva que se puso ansioso y los sacó antes de tiempo. Salieron crudos, de allí nacieron los "blanditos y blanquitos". Pero si el creador tiene una característica es que es insistente, así que volvió a probar. Un poco nervioso, el todopoderoso, se excedió con el calor y los chamuscó, de esa cocción proceden "los quemados". Al ver que la cosa era complicada, Dios abandonó todo y se fue al shoping.
El antihéroe ya fue, terminó preso de su propio ego o del sistema al cual combatía. Sino, escuchen, de fondo suena la canción de Kevin Johansen: Todos se compran la remerita del Che/ Sin saber quien fue. El propio dragón se come al rebelde y luego lo escupe en millones de stickers, ideologías o en sustancias que solo aletargan a los "inadecuados" para terminar transformándolos en corderos.
Solo basta observar a Charly García a disposición de una jueza, de psiquiátrico en psiquiátrico, pasando por el living de Evangelina Salazar. Perdiendo la extraña, mágica y maravillosa vida, entre flash y flash. No, eso no es rebeldía, es solo publicidad para el dealer, que con la ganancia se compra una 4 x 4 nueva. Una radiografía del hombre moderno nos muestra a una inmensa mayoría de insatisfechos quejosos y una minoría de sufrientes exitosos, para estos últimos parece que triunfar no es nada fácil. Sin desapego o una humildad de hierro "el crack" es devorado por la fama y lo que subsiste es un estereotipo del personaje.
En algunos pueblos originarios, cuando el chaman, el "loco" o el sensible de la tribu, entonaba sus cantos para hablar con las fuerzas de la naturaleza, tenían la costumbre de darle todos juntos la espalda en círculo y aplaudían. No lo hacían por rechazo, sino por protección al artista, para ahuyentar a los malos espíritus y permitir de esta manera, que dialogue con el poder de la creación sin ser interrumpido por fuerzas extrañas. Quizás haya algo en esta costumbre ancestral que olvidamos durante nuestra evolución. No digo que cuando vayas a ver una banda te pongas a aplaudir hacia el cartelito que dice salida de emergencia. Me refiero a que idolatramos a los artistas, a nuestros sensibles de la tribu y, masivamente los transformamos en estrellas. Proyectamos nuestro deseo personal de ser el número uno, en el elegido y, le exigimos todo. ¿Para qué? ¿Esta tan bueno ser la estrella? Y además, ¿no es algo que se da solo? Quizás, si no apuntamos tan alto es más fácil dar en el blanco o, dicho de otro modo: disfrutar de la existencia. Como dicen, una cosa es la técnica y otra el talento. La primera se puede obtener con esfuerzo, pero el talento no, viene de fábrica y, mucho más allá está la genialidad. Cuando esta llega, no es la persona la que se vuelve un genio, es el genio el que se apodera de la persona.