
Hasta la noche del jueves 4 de marzo Matías Pena tenía 29 años, tres hijos y ciertos problemas conyugales, como cualquier pareja. Llevaba una vida, según dicen sus allegados, bastante normal. Esa madrugada lo detuvo la policía. Minutos antes lo habían denunciado por causar destrozos en un boliche. Le adjudicaban haber participado de una pelea y haber roto los vidrios. Un patrullero lo trasladó a la comisaría 2 de Lanús Este. A la media hora apareció muerto.
La versión oficial señala que se había ahorcado con su propia remera, colgado de uno de los barrotes de la celda. Pero esa versión hace mucho ruido a sus familiares. Para ellos, era imposible que Matías se ahorque. “No era una persona depresiva como para que se pueda suicidar de esa manera”, dijo a 24CON el abogado que tomó la causa, Martín Alderete.
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“Justicia por Matías, lo mató la policía”, denuncia con firmeza un comunicado de prensa. Lo cierto es que hay más dudas que certezas. Matías medía aproximadamente 1.90 metros y la ventana desde la que se habría ahorcado no llegaría a 1.60 metros. Pesaba alrededor de 90 kilos y tenía fuerza suficiente para poder instintivamente “zafarse”.
Además, “no le alcanzaba la remera de para darle una vuelta al cuello”, puntualizó Alderete. “Todo esto es objeto de pericias que vamos a pedir para probar que esto es casi imposible. Hay muchas cosas que no cierran”, agregó.
A una semana del extraño episodio, sus allegados reclamarán que la causa se esclarezca. Por eso realizarán una protesta frente a la comisaría, esta tarde a las 19. Mientras, los abogados defensores esperan citar a testigos que estuvieron en los posibles disturbios de esa noche, para que presten su testimonio en la Fiscalía 5 de Lomas de Zamora. Allí, el caso espera ser resuelto bajo el nombre de “averiguación de muerte”, para comprobar si Matías verdaderamente se ahorcó, o lo ahorcaron...
11 de marzo de 2010