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Rodolfo Bernárdez |
Su esposa, de quien no trascendió el nombre, precibió una serie de hechos (tras varios idas y vueltas en su relación). El primer episodio que llamó la atención de la mujer fue cuando descubrió a su hija desnuda y orinada sobre la cama. Apoyado en el placard, Bernárdez miraba a la niña cruzado de brazos. “Quería verla haciendo pis”, respondió cuando ella le preguntó qué pasaba.
Ella comenzó a notar que cuando su hija volvía de pasear junto a su padre, estaba muy molesta. Antes de cumplir los dos años, la nena tuvo una infección urinaria, dejó de comer y de jugar con sus juguetes. María llegó a pensar que la beba era autista, porque se quedaba mirando la pared durante varios minutos.
Pero el hecho que disipó todas las dudas ocurrió en octubre de 2005. Ese día, María vio que Bernárdez se despedía de su hija con un beso de lengua. La niñera le dijo que eso era común, pero que nunca había dicho nada porque no quería meterse en asuntos de familia. Allí comenzó la lucha de María, que duró cuatro años, en los que llegó a ser denunciada por él por no dejarla ver a la beba.
El año pasado, la condena alejó a Bernárdez de su hija –los jueces le impusieron una restricción para verla durante cuatro años–, que ahora tiene seis años y sigue bajo tratamiento psicológico. Pero Bernárdez apeló el fallo y sigue en libertad. Tan libre que este fin de semana estrenó una obra para niños, la obra de teatro para niños Robinson Crusoe, en La Bodega del Teatro, la sala ubicada bajo una de las tribunas del estadio del club Platense, en Vicente López.
Fuente: Tiempo Argentino
20 de julio de 2010
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Lo había denunciado su esposa hace ocho meses, y lo detuvieron ayer en la estación de Quilmes.